"Dentro del vagón todos gritaban".

Patricia Torres, sobreviviente de colapso en Línea 12 del Metro, narra cómo tuvo que arrastrarse hasta una ventana para poder ser rescatada.

Ciudad de México.- La pandemia de Covid-19 cambió el destino de Patricia Torres Díaz.


Trabajaba como elemento de seguridad privada en una empresa en Avenida Miramontes. Ahí ganaba 2 mil 700 pesos a la quincena. La epidemia provocó que hubiera recorte de personal, lo que la llevó a buscar otro empleo.


Lo encontró hace un año en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, con el mismo cargo.


Si conseguía un bono de puntualidad, recibía 3 mil 700 pesos quincenales.


Pero, en una quincena, doblaba turno hasta en seis ocasiones para ganar más dinero, pues de ella dependen sus tres hijos menores de edad y su esposo, quien no puede trabajar porque le fue diagnosticado esclerosis lateral amiotrófica.


En Metro Pantitlán, tomaba un camión conocido como chimeco que la dejaba en la estación Periférico Oriente, de la Línea 12. De ahí, se trasladaba todos los días hasta la terminal del Metro Tláhuac, para posteriormente dirigirse a su casa, en Chalco.


La noche del 3 de mayo, la mujer de 35 años iba a bordo del tren que se desplomó.


Recuerdo el instante de la tragedia como si el convoy hubiera chocado. Todos los usuarios salieron disparados. Después se fue la luz en los vagones. Observó a su alrededor y había pasajeros mutilados y pidiendo ayuda.


Se arrastró por el vagón hasta una ventana, por donde fue rescatada por habitantes.


El colapso le provocó fractura de un tobillo, esguince de tercer grado, ligamento roto y desgarre en una pierna.


"Dentro del vagón, todos gritaban, unos ya estaban sin manos, unos ya estaban sin dientes, unos gritaban sin poder salir, ya mutilados, algo muy feo".


"Los médicos dicen 'eres joven, a lo mejor y puedas volver a caminar bien, a lo mejor y rengueando', no sé, es depende de la evolución que yo vaya teniendo", declaró Patricia a REFORMA.


Después de haber sido operada en un hospital del IMSS, ahora lleva la recuperación en casa. Sus hijos la recibieron llorando. Uno de ellos, Iker, de cinco años, le ofreció un curita para que pronto sane su tobillo roto.


"Mamita, qué bueno que estás bien", le exclamaron sus hijos.


Grupo RIBA Jiménez.

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